La primera inspección del cultivo, realizada el 22 de agosto de 2025, mostró que el desarrollo se vio afectado negativamente por el tiempo seco posterior a la siembra, una situación que no es en absoluto inusual en las explotaciones agrícolas actuales. Al mismo tiempo, tras la siembra en rastrojos, se observó una mayor incidencia de cereales espontáneos, que posteriormente se controlaron con un graminicida. No obstante, se observó que la haba, como cultivo acompañante, estableció una buena penetración radicular en la zona sin labrar entre las hileras de colza. Esto es importante desde el punto de vista agronómico, ya que las raíces del cultivo acompañante contribuyen a la labranza biológica incluso más allá de la propia franja labrada, mejoran la estructura del suelo y favorecen las futuras vías de infiltración del agua. En este caso, el cultivo en bandas no se limita, por tanto, solo a la labranza mecánica dentro de la hilera, sino que combina efectos mecánicos y biológicos en todo el perfil del cultivo.